Saturno está entrando a Acuario.
Como hemos mencionado, todas la metáforas transmitidas desde hace milenios, que dicen relación con la liberación, tienen que ver con tránsitos o momentos astrológicos donde se contrasta la potencia Saturno/Acuario y/o Urano/Tauro.
Desde miles de años uno de los significados de Acuario es libertad, y Saturno es restricción, cuando Saturno transita por este signo, la lectura directa es restricción de libertad. Además, como los símbolos de cada signo se expresan en varias capas, tanto la restricción como la libertad tienen diferentes significados de acuerdo a cada mirada. Por ejemplo, esta dualidad entre confinamiento y libertad, puede leerse como liberación de los esclavos, por ello si ustedes revisan la historia, cada vez que Saturno ha transitado por Acuario sobre todo desde los 60s, ocurren grandes movilizaciones en pro de la lucha contra el racismo y contra la esclavitud. Ocurrió cuando Martin Luther King apoyó el movimiento para sancionar a Sud Africa por la política del Apartheid, entre 1961 a 1964, luego al siguiente tránsito de Saturno por Acuario, entre 1991 a 1993, en un hecho histórico, se aprobó el referéndum para cimentar a redactar una nueva constitución y comenzar a cambiar las políticas de segregación racial, Saturno trabaja con tiempo. Ahora, Saturno dice “a ver revisemos seriamente como va esto”, y surgen situaciones que evidencian el estado de avance sobre el tema de la liberación de la esclavitud. En mi opinión, se avanzaría más rápido si tomáramos conciencia de que todos, blancos y negros, indígenas, amarillos, somos de algún modo u otro, prisioneros, el Coronavirus nos fuerza a asumirlo, somos prisioneros de la materia, y la enfermedad acentúa más aún este estado, quizás sea mejor hacer las pases con nuestra realidad, y desde esa experiencia empatizar con las razas en quienes proyectamos aquello que no queremos asumir, que por más lejos que lleguemos, seguimos siendo prisioneros del tiempo, de nuestra finitud.
Ralph Metzner escribía en los 60s:
“Escaparse de prisión ha sido una de las metáforas más consecuentes para el proceso de la transformación humana, tanto en los mitos y textos de los ancianos como en los escritos psicológicos de los pensadores modernos. La liberación de los lazos del karma, escapatoria del círculo continuo de samsara (existencia), liberación de las trampas de la ilusión, liberación de las garras del pecado; éstas son sólo algunas de las expresiones tradicionales que aluden a este aspecto de transformación. La cualidad confinada y vinculada de la conciencia humana ordinaria es evidente para todos nosotros: podemos sentirnos atrapados en una relación, atados por obligaciones, ligados por las exigencias de un trabajo, apegados a una posesión, vinculados a alguien al que deseamos, o «colgados» en general”. Habría que añadir ahora, prisioneros del confinamiento por la pandemia.
“El patrón de defensas psicológicas puede (y a veces lo hace) convertirse en una rígida armadura corporal. Los psicoanalistas nos dicen que somos «prisioneros de la infancia» o escriben del «hombre en la trampa». En la parábola de la cueva de Platón, los humanos son comparados con prisioneros encadenados a la pared de una oscura cueva, mirando con fascinación las sombras ilusorias proyectadas por el fuego en las paredes de la cueva. Esta metáfora nos dice que nuestra percepción ilusoria del mundo está basada en el hecho de que estamos ligados, atados a la pared de piedra, que es el mundo material. «El alma (psique)... ha sido capturada, está encadenada... Se dice que está en una tumba y dentro de una cueva; pero si mira de nuevo hacia las ideas, se libra de sus cadenas.»? Mirar hacia las ideas significa mirar hacia dentro, hacia el conocimiento y la comprensión de uno mismo: el Atman, Espíritu, Yo, está desatado, no condicionado e ilimitado. Según el filósofo vedanta Shankara, «un ser liberado, dotado con el conocimiento del Atman, abandona sus vínculos a las limitaciones de forma y se convierte en pura existencia-conciencia-alegría, como Brahman».³ Espíritu/Alma está encadenado y aprisionado en Materia/Cuerpo. La liberación (moksha) es posible y deseable y, ciertamente, necesaria.
El mito de Prometeo expresa profundamente el arquetipo del encarcelamiento y la transformación liberadora. Prometeo, cuyo nombre significa «previsión», era de la raza de los titanes, que eran los «gigantes de la tierra» bíblicos, hijos de la generación más antigua de las deidades ctónicas, menos que un dios y más que un humano. Prometeo era el que traía el fuego, el héroe cultural que en las primeras fases del desarrollo de la humanidad ayudó a desarrollar las artes de la civilización. Psicológicamente, él representa el principio heroico de la individualización, el convertirse en un individuo. Él es el Espíritu dentro de cada ser humano que lleva el fuego de la vida a la tierra. Traer fuego a la tierra simboliza el llevar vida al cuerpo y a la forma: es la personificación,
la encarnación.
“Por lo tanto, Prometeo es cada uno de nosotros, mientras estamos atrapados dentro de las limitaciones de la forma material y asolados por la fuerza inevitable de la vejez, la desintegración y la enfermedad.
Esta imagen del mundo como una prisión, también aparece en los escritos de los neoplatónicos y muy enfáticamente en los textos gnósticos. Para estos filósofos, el mundo en
general y el cuerpo en particular constituyen una fortaleza, un calabozo, una tumba, una prenda con cadenas; una condición caracterizada por el peso, el frío y la inmovilidad.
Místicos como san Juan de la Cruz consideran que el cuerpo es una prisión para el alma, que desea ser liberada de él, trascenderlo. Estas imágenes son, tal vez, una intensificación del concepto y la sensación más común del cuerpo como una vaina, cáscara, “caña hueca de hinojo”, vehículo o casa para el espíritu. En los sueños de pacientes de psicoterapia, los sucesos como exploraciones de una casa, o daños o arreglos en un edificio, frecuentemente representan acciones y experiencias que implican al cuerpo. Si soy consciente de las limitaciones y obstrucciones que mi cuerpo me presenta, las imágenes de prisiones, trampas, redes o laberintos vienen a la mente de forma natural.
En un pasaje extraordinario de un texto budista, el mundo de los objetos sensoriales, samsara, se compara con una variedad inusual de prisiones y trampas metafóricas: Samsara es... un calabozo oscuro, un pantano profundo de tres venenos... Es estar atrapado en una telaraña, o como un pájaro enredado en la red del cazador de aves. Es como estar ligado desde la mano hasta el cuello por Mara, o estar sumergido en una charca de bestialidad... Es la red del destino..., y viviendo debajo de las sombras flotantes de la vejez y el nacimiento, enredado en esclavitud. Es una llama parpadeando en el viento, una mentira, un sueño, el desconcierto.”
(Fuente del texto entre comillas: Ralph Metzner: Las grandes metáforas de la tradición sagrada, 1968)
Y cuáles podrían ser las estrategias para liberarse?
Primero que todo asumir que somos prisioneros (con o sin Covid19).
Ralph Metzner propone como estrategia de liberación, en primera instancia la opinión de Gurdjieff:
“No te das cuenta de tu propia situación. Estás aprisionado, lo único que puedes desear, si es que eres sensible, es escaparte, liberarte. Pero, cómo se escapa...? Para que un ser humano tenga la oportunidad de escapar, primero tiene que darse cuenta de que está aprisionado. Mientras no se de cuenta de esto, mientras siga pensando que es libre, no tiene ninguna posibilidad en absoluto”.
Por Edgard Pérez Arancibia
Publicado el 15 de junio del 2020 en su perfil de facebook
https://www.facebook.com/edgard.p.arancibia
lunes, 15 de junio de 2020
Sobre el COVID y la reflexión que promueve...
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